Westworld ya no es Westworld

Westworld, imagen cortesía HBO

A Westworld se le definía como un rompecabezas. El espectador debía observar y ordenar la historia que se le presentaba y (al mismo tiempo) reflexionar sobre su contenido filosófico. Eran altas las expectativas ante su tercera temporada debido a la reputación de la primera; sin embargo, fue decepcionante: Westworld ya no es Westworld.

La sentencia para la segunda serie con mayor presupuesto por parte de HBO no se debe a la fotografía, la dirección, las actuaciones, las locaciones (en la tercera temporada fueron filmadas en Singapore y España) o los increibles efectos visuales. Estos aspectos han crecido conforme las temporadas y puede decirse que son sus fortalezas. Sin embargo, la autenticidad de Westworld radica en su narrativa y es también su talón de Aquiles.

Autenticidad

El tema de Westworld es muy simple pues es la raíz de la filosofía: qué es el hombre. La primera temporada explora la diferencia entre un humano y un robot con A.I.; y expone que lo que hace al hombre ser hombre es la conciencia. De ahí el recurso simbólico del laberinto de la mente humana (y robótica) para mostrar cómo Dolores (un robot) llega a su esencia, toma conciencia de sí y de su libre albedrio.

Para contar este tema en la primera temporada, los creadores han usado la mezcla de las líneas temporales con los mismos personajes, diálogos profundos, una locación (el Oeste Americano) y unos subtemas que siempre alimentan al tema principal. Este estilo narrativo se convirtió en la identidad de la serie y sirvió para insertar al espectador en este laberinto de la conciencia.

La segunda temporada fue ligeramente diferente a la primera. Se mantiene la locación (el parque del Oeste Americano) y se introducen otros dos: La India y Japón (además de las oficinas de Delos, el negocio del parque). También se mantiene el tema (el qué del hombre) pero es tratada en su segunda vertiente: la voluntad.

Westworld, imagen cortesía HBO

La voluntad es vista a través de varios personajes (Dolores, Maeve, William y Bernard/Arnold). Por ende, la narrativa se complica porque sigue presente los saltos del tiempo con todos estos personajes. La segunda temporada fue difícil de comprender para el espectador porque se siente rebuscada a la hora de ordenar la historia.

Debido a las críticas en cuanto a la narración, los creadores han decidido suavizar. En la tercera temporada ya no existen saltos temporales ni tampoco el parque del medio oeste (y sus desgloses). Para ubicar al espectador en la narración, se introducen inserts con los lugares donde ocurre la acción del episodio (gracias al subtema vinculado al Rehoboam). Al ser lineal y simple (en apariencia para ayudar al espectador), Westworld pierde parte de su identidad. Westworld no puede ser reconocido como tal porque pierde la autenticidad de su narración.

¿Cuál es el tema de la tercera temporada? La elección, otra respuesta al qué es el hombre. Los subtemas se mantienen similares a las anteriores temporadas: la violencia, la muerte, la inmortalidad, la simulación y el determinismo, la realidad, la memoria, la ciencia y la tecnología, la ambición, la codicia, la venganza, la revolución, el amor, la libertad y el egoísmo, el duelo y la locura, la maternidad y el yo.

Sin embargo, lo que formaba parte de la identidad, esto es, su contenido filosófico, es minimizado y tratado con superficialidad porque compite con el teológico (que es otro subtema), por medio del Rehoboam y Solomon. Estos evocan a los antiguos reyes hebreos que dividieron el reino de Israel. Con esta analogía buscan dejar en el espectador el indicio de una futura guerra entre los humanos y los robots.

Este contenido religioso también es visto tanto en las secuencias de Dolores como en las de Serac. En Dolores (prime) como el primer principio robótico, el dios del cual el resto de los robots son fabricados, se sacrifica por la salvación de su especie. En Serac (nuevo personaje) se proyecta como un dios humano omnipotente por medio de su control (aparente) sobre el Rehonoam y los humanos. Lo que parece ser interesante para ser explorado en toda una temporada, solo son tratados en secuencias efímeras rodeadas de acción.

La conclusión teológica no es satisfactoria en la la tercera temporada de Westworld ni tampoco el abordaje filosófico del mismo (la muerte del dios a lo Nietzche). La cuestión aquí es si los creadores se propusieron mantener la seriedad de los contenidos o solo son excusas para dar al espectador lo que (ellos) piensan que quieren: poca explicación y elaboradas escenas de acción.

Westworld, imagen cortesía HBO

El talón de Aquiles

El guion es la base de la autenticidad de Westworld, donde reposan la narración y el tema. Pero cuando la narración y el tema no son tratados con propiedad, el guion presenta fallas que ni los efectos visuales pueden ocultar.

¿Por qué no se informó que Dolores estuvo en otro parque, antes de revelar que se encontró ahí “convenientemente” con Caleb? ¿Cómo es que Dolores tiene el archivo para ser descargado en el Rehoboam en sí misma? ¿Para qué Bernard va a Westworld si no ve que en sí mismo tiene la llave del Sublime? ¿Cómo es que Bernard de repente “siente” la muerte de Dolores? ¿Por qué Maeve tiene que capturar a Dolores cuando Serac tiene a su disposición mejor tecnología? ¿Por qué Maeve y Dolores pelean si pueden resolver sus diferencias con una conversación?

En la búsqueda por ser impactante, los creadores han tomado la decisión de retardar las informaciones claves o no explicarlos en pantalla. Esto trae como consecuencia que los giros de la trama y el climax de la temporada sean incomprensibles, pues el espectador no ha percibido el desarrollo de los mismos. Tanto el climax como los giros de la trama deben respetar el conocimiento que tiene el espectador sobre la historia y no solo sorprenderlo. Westworld falla en este punto.

Otro aspecto son los personajes. La pérdida de la identidad narrativa trae como resultado la poca o nula evolución de los personajes o (incluso) encerrarlos en estereotipos. Da la impresión que la mayoría de los personajes de la temporada están en la pantalla debido a la popularidad de los actores.

Los ejemplos abundan. Dolores pasó de ser una villana con conciencia y motivo en la segunda temporada, a ser una versión femenina de Terminator que se redime en el último episodio. Caleb no tiene pensamiento ni decisión pues solo sigue por inercia a Dolores. Maeve se la pasa toda la temporada en querer ver a su hija cuando en la segunda temporada decidió dejarla.

William es (quizás) el personaje más maltratado. Al ser el villano en la primera temporada y el hombre que busca la inmortalidad en la segunda, en la tercera es solo una mera caricatura de sí mismo que pelea con sus otros yo y decide “salvar al mundo”, para luego morir sorpresivamente y sin motivo en la escena postcrédito del último episodio.

Trailer de la tercera temporada de Westworld. Video cortesía HBO

Westworld no solo habla de la historia de amor no correspondida entre William (humano) y Dolores (robot); es una cátedra de filosofía, al menos en su esencia. Sin embargo, la tercera temporada recuerda mucho a la escritura del guion de Game of thrones en sus últimas temporadas y esto no es un halago. La calidad ha mermado y es una lástima pues la serie se perfilaba como la mejor de HBO. Habrá que esperar por una redención en la cuarta temporada.

Para conocer la ficha técnica de Westworld, haz clic en IMDb.

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