Toy Story 4 busca su propia voz en la franquicia

Toy Story 4, imagen cortesía Disney/Pixar

Sobre Toy Story 4 (2019) pesan dos controversias: la primera es el creador de la franquicia, John Lasseter y las denuncias sobre acoso a sus empleadas que lo llevó a su retiro de la compañía en el 2018. Disney y Pixar han sabido manejar la situación, minimizando los efectos con una campaña de marketing donde no se lo menciona y solo se le da crédito como co-guionista. La segunda controversia es la siguiente: ¿Toy Story necesita una cuarta película? ¿El mejor final de una saga animada (con la frase de Woody para Andy: “Adios, vaquero”) puede ser superada?

Pixar suele forzar al espectador a ir más allá. Lo hizo precisamente con el lanzamiento de la primera película, Toy Story, cuando desafiaba a la audiencia a reflexionar sobre la infancia y la estrecha relación de los niños con sus juguetes. Y vuelve a hacerlo 24 años después del estreno de la primera (1995) con una cuarta entrega diferente a la franquicia, no solo por los detalles y colores del software de animación sino por la misma estructura. Toy Story 4 carece de un villano, secuencias de acción aceleradas y el drama de sus predecesoras. Y el tema también es más profundo pese a ser contado de un modo sutil, la existencia,  visualizado a través de la voz: la incapacidad de Woody para ser sincero, el consejo de la voz interior y la caja de voz.


Toy Story 4, imagen cortesía Disney/Pixar

Woody es un juguete de voz de cuerda de tracción. Sus diferentes frases lo ayudaba a vincularse con Andy y sus historias de juegos. Esta cualidad enfatizó la personalidad de Woody, que como comisario tenía una voz de autoridad sobre los demás juguetes del cuarto. Woody era el líder, a él lo escuchaban. Y Woody sentía que su estrecha relación con Andy fomentaba su propósito como juguete. Su existencia giraba en torno a él. Por momentos se sentía desplazado (la primera película) o destinado a otra cosa que no fuese un juguete de niños (segunda entrega), pero reconocía perfectamente que su misión era acompañar a Andy. En la tercera, gracias a su mecanismo de voz de cuerda, Bonnie lo encuentra. Ella siente curiosidad por las frases de Woody, lo lleva a su casa, juega con él y Woody ve que el hogar de Bonnie es bueno para sus amigos. Después del episodio del basurero, Woody decide que el vínculo más fuerte lo tiene con sus iguales, los juguetes, y decide dejar a Andy. La cuarta entrega son los efectos de esta decisión.

Woody no siente que Bonnie es su dueña. Ella ya no juega con él y ahora está confinado al armario. No es el líder de los juguetes, el rol de consolar y organizar le corresponde a Dolly, una pequeña muñeca de trapo de cabello violeta. Woody siente su existencia es ser olvidado y comienza a sentir la falta de Andy. Busca la manera de entablar una relación con Bonnie y lo hace a través del cuidado de Forky, un tenedor de juguete que tiene una crisis existencial en los primeros 20 minutos de la película. Forky reconoce quién es pero le quieren imponer un rol: es un tenedor de plástico y su lugar es la basura, no ser un juguete. Woody vive esta crisis existencial (no ser) a través de Forky aunque a la inversa: se siente una basura (el padre de Bonnie llega a pisarlo) y lucha para que lo reconozcan como un juguete.

Toy Story 4, imagen cortesía Disney/Pixar

En el rescate a Forky, Woody conoce a Gabby Gabby, una muñeca de cuerda de voz igual que Woody; pero ella tiene su caja de voz dañada. Pese a que la quieran hacer ver como la villana, Gabby Gabby es también otro espejo de la crisis existencial de Woody. Gabby Gabby piensa que con una nueva voz, su niña ideal (Harmony) la va a querer. Así que secuestra a Forky para forzar a Woody a canjear su caja de voz. Es interesante el paralelismo entre ambos porque Woody tuvo a su niño ideal y aunque intenta emular esa experiencia con Bonnie, no lo logra. Reconociendo esa derrota, cede su voz a Gabby Gabby para que Bonnie recupere su juguete favorito. Pero en el camino, ayuda a Gabby Gabby y se da cuenta que su voz, lo que realmente siempre quiso, fue estar al lado de Andy pero ya eso no es posible. La pérdida de su caja de voz es el luto a su existencia junto a Andy y la oportunidad de descubrir una existencia más allá del cuidado a un niño. Su voz (su conciencia) es ayudar a otros juguetes. Eso representa Bo Peep y la decisión de Woody de permanecer a su lado.

Por un momento de la historia, Woody le reclama a Buzz que el cuidado de Forky le corresponde a él, aunque no admita que lo hace por miedo a no ser considerado por la niña. Y le indica a su compañero que debe escuchar su voz interior. Buzz se lo toma literal. La voz grabada dentro de su cuerpo le servirá como una conciencia que lo ayudará a tomar las decisiones correctas y elevarse como la nueva autoridad frente a la familia de juguetes y ante Woody.

Toy Story 4 recuerda los estilos narrativos de los Studios Ghibli y las películas de Hayao Miyasaki como El viaje de Chihiro o Howl’s moving castle; donde las circunstancias y las decisiones de los personajes son las que mueven la historia más allá de un malvado que interviene contra los planes del héroe. Esta entrega busca/reclama también su ser, su voz, una existencia sin compararse con sus antecesoras. Con ella se inaugura una nueva etapa narrativa de la franquicia. Y esta vez es Buzz quien se despide de Woody y de los espectadores: al infinito y más allá.

Trailer de Toy Story 4, cortesía del canal de Youtube Pixar

Para revisar la ficha técnica, consulta aquí IMDb

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