The Rise of Skywalker: una crónica del cierre de la tercera trilogía

Star Wars IX: The Rise of Skywalker, imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures

Los números no mienten, o así reza el dicho. La recaudación de taquilla del noveno episodio de Star Wars IX: The Rise of Skywalker (a nivel mundial) explica el fracaso de la misma: 1.058 billones de dólares frente a sus predecesoras (The Last Jedi recaudó 1.321 billones y The Force Awakens 2.066 billones).

No es una exageración si se toma en cuenta que el cierre definitivo de la saga de los Skywalker recaudó la mitad de lo que hizo The Force Awakens. Con un presupuesto estimado en 270 millones de dólares y varios cambios de directores, guionistas y fechas de filmación; el producto final evidencia la inconsistencia de Disney por la saga.

Primera inconsistencia: producción

Disney compró LucasFilm (y Star Wars) en el 2012, y a los meses anunció una nueva trilogía. La intención de la compra era clara: dinero. Star Wars es una mercancía y los productores ejecutivos de Disney se dejaron llevar por la impulsividad, sin hacer un previo estudio y planificación de la historia.

The Force Awakens recibió críticas por ser una copia de A new hope. J.J. Adams escribió, produjo y dirigió la película. Lo acompañó en el guion Lawrence Kasdan y Michael Arndt. A los ejecutivos de Disney no les pareció adecuada la comparación de la audiencia y buscaron a alguien que se encargara de las siguientes películas. Así apareció Rian Johnson, un director que fue crucificado por los fanáticos de la saga cuando se estrenó The Last Jedi.

Las declaraciones de Kathleen Kennedy, presidenta de LucasFilm (recuerda que ya forma parte de Disney) durante una entrevista indica la improvisación del proyecto: ” ‘we haven’t mapped out every single detail [of the sequel trilogy] yet'”. Además, hubo (desde el inicio) una mala planificación: J.J. Adams dirigió el séptimo episodio pero colaboraría con la escritura del guion del octavo, Johnson dirigiría el octavo y colaboraría con el guion del noveno y sería Colin Trevorrow el encargado de dirigirlo.

El primer error estuvo en plantear cada historia por separado y venderlo como una trilogía. Si es una trilogía, hay una articulación en la narración de las tres películas. Lamentablemente se perciben muchas contradicciones entre las tres.

Ante los comentarios del octavo episodio, los productores salieron al paso al anunciar que George Lucas serviría como consultor creativo. Pero lo cierto es que él poca autoridad tiene en cuanto al rumbo que tomaría su saga. Y quizás es parte de su responsabilidad el no haber estimado las consecuencias de su hastío, la codicia de los compradores y la falta de astucia al no colocar cláusuras del control narrativo en el contrato de venta de LucasFilm.

Star Wars IX: The Rise of Skywalker, imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures

Uno de los motivos por los cuales Disney compró Fox yace en la distribuidora 20 Century Fox, quien retenía los derechos de distribución físico y monetarios de las dos anteriores trilogías de Star Wars. Una vez concretada la compra, Disney podía anexarla a su streaming sin pagar regalías y así vender las tres como un todo.

El inconveniente surgió cuando el anunciado director de The Rise of Skywalker, Colin Trevorrow, renunció al proyecto por diferencias creativas (también el guionista Rian Johnson). Vinieron otros pero Disney quería cumplir con su agenda. Esto llevó a Kathleen Kennedy a contratar de nuevo a J.J.Adams como director y él mismo resolvió arreglar el guion conforme fuesen filmando. De ahí las declaraciones de Ian McDiarmid (Palpatine) al decir que estaba sorprendido de que lo llamaran cuando sabía que habían terminado la producción de la película.

Luego llegaría el problema mayor. El actor John Boyega dejó su guion en la habitación de un hotel y ese mismo guion fue publicado horas después en internet. La trama de The Rise of Skywalker circulaba 9 meses antes de su estreno y las opiniones de los fanáticos se dividían entre la decepción y la incredulidad. Pensaban que era una filtración falsa, una especie de extraño marketing para sorprenderlos en el estreno. Para su mayor sorpresa, el estreno les sirvió para corroborar la filtración. Las opiniones del público se mantenían mixtas: mientras a unos les parecía buena y entretenida, otros estaban desilusionados.

George Lucas salió al paso al decir que él jamás había aprobado la vuelta de Palpatine. Las inconsistencias de la trama fueron resueltas en un Book Novel que publicó Disney en enero. Por ejemplo, que Palpatine es un clon (Snoke es un clon del clon). El hecho de que Disney publicara un Book Novel para esclarecer el contenido de la película, es otra evidencia de los errores dentro del guion.

Segunda inconsistencia: las predecesoras

The Force Awakens fue catalogada de progresista por el mismo director, pues con Star Wars conseguía revindicar a la mujer y al afroamericano. Rey (una mujer) era protagonista y Finn (un ex-stormtrooper) era afroamericano. Esta primera parte de la trilogía se ubica 30 años después de The return of the Jedi. La película no solo era un pretexto para reunir a los personajes (y actores) más emblemáticos de aquella trilogía, sino que buscaba extender la franquicia con el regreso del Imperio a través del grupo The First Orden y su contraparte, la Resistencia, con la Princesa/General Leia a la cabeza.

Star Was VII: The Force Awakens, imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures

También incorporaría a la protagonista Rey, una joven chatarrera, abandonada por sus padres y sin apellido; el ex-stormtrooper FN-2187 bautizado Finn; y Poe Dameron, un piloto de la resistencia. Y el nuevo villano (aparente) Kylo-Ren, hijo de Han Solo y Leia, obsesionado con Darth Vader, pupilo de Snoke que es el líder de The First Order.

Las comparaciones con A new hope no se hicieron esperar. Hay varios ejemplos: un nuevo trío que encajan en los estereotipos de la primera trilogía (Rey-Finn-Poe = Leia-Luke-Han Solo), Kylo-Ren es un Sith que se viste de negro y usa una máscara para intimidar a todo el mundo, un droid adorable (BB-8) que debe entregar un mensaje a la Resistencia, el planeta Jakku de Rey es igual a Tatooine, el Starkiller es igual al The Death Star. Eso sin mencionar las similitudes de los planos entre una y otra película.

Pese a eso un nuevo tema sobresalía: la identidad. Tanto Rey como Finn sufren de esto. En el caso de Finn, es un soldado sin pasado, y es Poe quien le pone un nombre. Pasa de ser masa (multitud, una cosa) a ser persona. Pero el contenido emocional de lo que significa queda relegado y olvidado por el guionista y director ante las secuencias de acción. No se ve en pantalla el profundo significado que adquiere una persona el ser tratado por un nombre en vez de un código. Se priva al público de la empatía con el personaje.

En el caso de Rey, la identidad será una constante a trabajar durante la trilogía. Ella sufre por no poseer un apellido y el abandono de sus padres. El apellido es sumamente importante pues es el origen de la identidad: “de aquí provengo, de aquí nace mi historia”. Todo sujeto está anclado a un linaje pero si desconoce cuál es, ¿cómo puede enfrentar quién es? Este es el problema y motivación de Rey.

El inconveniente está en que el tránsito emocional de la identidad es interrumpido (constantemente) por la trama de ser una Jedi. Ella, quien tiene conocimiento de los Jedi por medio de historias, pasa a manejar los poderes con habilidades profesionales. A Rey la convirtieron en un deus ex machina sin el respeto a su evolución. Lo que podía ser un interesante subtema, la perspectiva del mito (30 años después los Jedi se han convertido en un mito), fue eliminado para favorecer el espectáculo de la nostalgia: escenas de batalla con sables bajo los efectos visuales del siglo XXI.

Star Wars VIII: The Last Jedi. Imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures.

Rian Johnson modificó el guion entregado para The Last Jedi. Su interpretación fue eliminar todo rastro de la anterior película. Y eso involucraba el pasado de Star Wars. Quizás el director tenía buena intención pues quería fundar una película con su propia identidad, un mensaje escondido y que se refleja en Rey. Sin embargo, Star Wars es un tótem. Lamentablemente no puede borrarse sus símbolos en una sola película.

La muerte de Han Solo en la séptima entrega (considerado el mejor personaje de la saga) fue un duro golpe para los fanáticos. Pero nada se compararía con lo presentado en la octava: Luke desprecia el sable, Leia sobrevive a una explosión en el espacio, matan al villano Snoke y es sustituido por un caprichoso Kylo-Ren, matan al 80% de la resistencia y muere Luke, se disfraza a The First Orden de nazismo. Rian Johnson hizo su versión de Star Wars y la pagó muy caro: The Last Jedi es considerada la peor película por los fanáticos después de The Phanton Menace y Solo: a Star Wars Story.

Sin embargo, esta opinión se debe a la nostalgia, ese bucle en el que está atrapada la audiencia. The Last Jedi muestra signos de identidad al intentar presentar dos situaciones clave en las secuencias del casino y la muerte de Snoke. La secuencia del casino enseña que en la guerra-dictadura-totalitarismo no existen solo los bandos extremos (malos/buenos, opresores/libertarios). Sobreabundan los bandos grises: la población sumida entre el conformismo y la esperanza, y aquellos que se lucran de la situación (negocio de armas, contrabando, lavado de dinero, venta de mercancías ilícitas, etc). Johnson quería mostrar a los espectadores (y muy especialmente a los fanáticos) que Star Wars es una ilusión. El binomio Sith/Jedi es ínfimo ante los verdaderos matices de la realidad.

Y muy vinculado a este matiz está la identidad a través de Rey. Por medio de la exploración de su relación con Kylo-Ren/Ben (lo más auténtico de la trilogía) se muestra el sufrimiento de Rey ante un pasado que Disney no revela. Y como no hay pistas, el director/guionista ha decidido desecharlo en el sentido de buscar un cierre al sufrimiento de Rey. En la secuencia de la muerte de Snoke, se indica que no importa la sangre ni el apellido sino quién decide ser ella. Lo ordinario se vuelve extraordinario. Y para esto, el director estableció su contraparte: Kylo-Ren/Ben y su linaje. Él, que tiene todo (un apellido de renombre, una familia con un pasado histórico), lo desecha. Él también sufre y lo hace porque considera a su apellido mediocre.

Tercera inconsistencia: el guion de The Rise of Skywalker

Star Wars IX: The Rise of Skywalker, imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures

¿Qué iba a decir Finn a Rey? ¿Cómo fue que Chewbacca cambió de transporte? ¿Por qué Rey no se siente mal al matar a unos desconocidos en la explosión del transporte? ¿Cómo es que Palpatine tiene mil naves preparadas? ¿Por qué no hubo indicios de que Palpatine era el villano? ¿Por qué ocultar el secreto familiar de Rey en las anteriores películas? ¿Por qué el planeta de los Sith luce como una cueva secreta de Voldemort? ¿Cuál fue la función de la Power Ranger rosada? ¿Cuál fue el propósito de la misión de la daga y el borrar la memoria a C3PO?

The Rise of Skywalker jamás contesta estas preguntas. La primera debilidad de la película es que J.J. Adams decidió hacer una corrección política que va desde entregar una medalla a Chewbacca (el final de The return of the Jedi, Leia entrega unas medallas a Luke y Han), pasando por todo el contenido de The Last Jedi (Palpatine como villano, Luke-fantasma ama su sable, la familia de Rey sí importa) y la visión progresista del amor inter-especies en la escena final.

En la ambición por corregir para quedar bien ante la audiencia, se comete la segunda debilidad: se elimina el sentido de redención de Dath Vader/Anakin como el Jedi que iba a acabar con los Sith. Es decir, se anula el sentido de las anteriores trilogías.

No es que Disney sea incompetente, simplemente no sabía hacia dónde dirigir la historia y confió en quien tiene una visión llena de estereotipos. Entonces, para disfrazar alguna falla en contenido, se deslumbra a la audiencia con grandes secuencias de acción llenas de efectos visuales. Aquí la tercera debilidad: The Rise of Skywalker es espectáculo por el espectáculo. Y el espectáculo genera una consecuencia: no hay resolución de las tramas abiertas (las preguntas), no hay desarrollo de los personajes, abundan los diálogos flojos y hay confusión de la conclusión. ¿Sobre qué trata la película?

El tema de la identidad (The Force Awakens), identidad/linaje (The Last Jedi) no llega a una resolución satisfactoria con The Rise of Skywalker. ¿Por qué? Porque son subtemas, al igual que la dicotomía bien/mal que representa Jedi/Sith, la Resistencia/The First Order.

Star Wars IX: The Rise of Skywalker, imagen cortesía Walt Disney Studios Motion Pictures

Rey y Kylo-Ren/Ben son dos lados de una misma moneda: Rey busca su origen y Ben quiere borrar el suyo. De ahi que la relación entre ellos sea lo más valioso de la trilogía. No es porque tenga un sentido romántico (fanservice del director) sino que a ambos los une el sufrimiento por ser alguien.

La caracterización de Adam Driver mantuvo una consistencia y convirtió a su personaje en lo mejor de las tres películas. Si J.J.Adams quería ser progresista (de verdad) hubiese dejado que Ben enfrentara las consecuencias de sus actos delante de la justicia, el verdadero camino de la redención. El beso al final con Rey y luego su muerte hace que el sacrificio de Leia sea en vano. Plantear una relación romántica con Rey (o hacerlo muy obvio) fue otro aspecto que perjudicó al personaje. A veces es mejor decir sin decir: una mirada, una sonrisa, un “tomar la mano” dice más que el beso.

En cuanto a Rey, Daisy Ridley dio todo de sí para mantener a flote a un personaje que, si bien fue proyectado en la séptima entrega como protagonista (y es un progresismo), acaba siendo la mutilada de la saga. Su tema (la identidad) quedó resuelto de manera improvisada al ser una nieta de Palpatine, además de desarrollar dependencias emocionales con cualquier personaje con el que interactúa.

¿Por qué abria Rey de adoptar un apellido que poco conoce y que tiene ambigua reputación en la galaxia? ¿Por qué no adoptar el apellido Organa, que goza de buena reputación, aparte de ser el real apellido de Leia? O mejor, que no llevara ninguno, así cerraría el tema de la identidad ya que está segura de quién es. “Just Rey” tiene un mayor significado que “Rey Skywalker”.

Y otra pregunta, a propósito del final: ¿Por qué Rey va a Tattoine si Luke siempre odió ese sitio y Leia también ya que fue esclava de Jabba the Hutt? ¿Qué posible significado puede sacar ella de ese sitio? ¿Qué cierre puede darle a los Skywalker un lugar desagradable para estos personajes? La respuesta yace en la cuarta debilidad: el tema real de The Rise of Skywalker es la nostalgia.

La nostalgia que se busca es el éxito de la primera trilogía, la ambición de volver a establecer otro ícono de la cultura pop. Se sacrifica lo anterior para quedar bien con los fanáticos. Se impone de nuevo el bucle. Se repiten las fórmulas vistas en Star Wars desde una visión sumamente optimisma y superficial.

Trailer de Star Wars IX: The Rise of Skywalker. Video cortesía Star Wars.

Lo más irónico de The Rise of Skywalker es que de alguna manera revindica todo lo ocurrido con The Last Jedi, esto es la quinta debilidad. El espectador ya no piensa que la octava es tan mala dada la falta de calidad de la historia de la novena entrega. De esto ya hay un aspecto positivo: Disney abandonó su ambición por seguir desarrollando trilogías pues no se encuentra en capacidad de avanzar con historias encadenadas. Ha preferido seguir explorando (y explotando) Star Wars con películas independientes.

Lo que enseña The Rise of Skywalker es que la narrativa sí importa. No solo los espectadores se despiden de los personajes sino también de John Williams, el exitoso sobreviviente de las triadas.

Para saber más sobre la ficha técnica de Star Wars IX: The Rise of Skywalker, haz clic en IMDb.

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