The Queen’s Gambit: la mejor miniserie del 2020

The Queen’s Gambit, imagen cortesía Netflix

The Queen’s Gambit fue una miniserie muy comentada en el último trimestre del 2020. Los comentarios oscilaban entre el ajedrez, el vestuario, la actuación de Anya Taylor-Joy y el récord de usuarios en Netflix. The Queen’s Gambit es la mejor sorpresa del 2020.

Las fortalezas de la serie son muchas. La más evidente es el aspecto técnico: la fotografía, la dirección de arte, el vestuario, las actuaciones, la dirección y la edición. Esta última está diseñada para acentuar el tema. Y sobre el tema, recae la segunda fortaleza.

El guion explora varios subtemas en The Queen’s Gambit. El rol de la mujer en los años 60, década en la que se basa la serie, es el más destacado. Pero también hay otros como la adicción a los medicamentos (drogadicción), el alcoholismo, la orfandad, la rivalidad, el amor, la amistad, la Guerra Fría, la redención, el autoestima, el control, el abandono, las pérdidas, los prejuicios, la obsesión, la maternidad, la intelectualidad, las finanzas, el fracaso, el éxito y la soledad.

El tema unifica todos los subtemas y también el aspecto técnico de la miniserie. El tema es el individuo versus el colectivo. Este tema funciona en tres capas. La primera es el ajedrez, leit motiv en The Queen’s Gambit. Siendo un juego individual, que entra en competencia dos personas, las pienzas se juegan como un colectivo.

La segunda capa en The Queen’s Gambit es la visión de Beth, que lucha por destacar y ser relevante en el truncado mundo del ajedrez (netamente masculino), y al mismo tiempo, ser vista como una igual, una jugadora y no con el calificativo «jugadora femenina», como si la condición femenina fuese diferente a ser persona.

La tercera capa en The Queen’s Gambit es la visión individualista de los jugadores de ajedrez en Estados Unidos versus la visión colectiva de los jugadores en Rusia; una visión más arraigada en la noción de cultura.

The Queen’s Gambit, imagen cortesía de Netflix

El ajedrez, un deporte poco explorado en la pantalla chica y grande, toma especial importancia en The Queen’s Gambit. Los guionistas han dado toda la información sobre el ajedrez en cada episodio sea por medio de las diversas estrategias de juego, los jugadores así como los torneos. Cada juego de ajedrez es diferente en cada episodio así como su presentación (fotografía, dirección, edición).

La dinámica del aspecto técnico y un guion dinámico, ayudan al espectador a involucrarse en la trama. El espectador no solo está siguiendo a Beth sino a la historia del ajedrez en esa época. La experticia que Beth va ganando en el ajedrez también lo hace el espectador, y esto es mérito del guion y sus creadores.

Lo más increible del guion es que en cada episodio, las relaciones de Beth con los personajes secundarios funcionan también como un tablero de ajedrez. Cada personaje cumple una función dentro del tablero de la vida de Beth; y su presencia y ausencia se debe a cuando ella decide sacrificarlos para llegar a la última pieza, ella misma, The Queen.

Por ejemplo, en el primer episodio, el primer personaje secundario conectado con Beth es su madre biológica, quien se suicida. En el ajedrez, la primera pieza a sacrificar es el primer peon. Lo mismo ocurre con William Shaibel,  Alma Wheatley, Harry Beltik, Townes, Benny Watts o Vasily Borgov (que representa el alter ego de Beth). El ajedrez está para mostrar al espectador que el individuo está en una permanente búsqueda de una conexión, de un colectivo.

Trailer de The Queen’s Gambit. Video cortesía de Netflix.

The Queen’s Gambit sorprende en todas sus estructuras. Sus propios méritos, en guion y en lo técnico, la hacen merecedora de ser lo mejor del 2020. Y en esto también hay un juego de lo individual versus lo colectivo. La narración y la estética pueden ser admirados por separado pero como un todo, resulta brillante. Así es esta miniserie.

Para saber más sobre la ficha técnica de The Queen’s Gambit, haz clic en IMDb.

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