The Crown apuesta por el encanto de Lady Di

The Crown, imagen cortesía Netflix

The Crown sienta un precedente no solo por batir récord de espectadores en noviembre, sino por las noticias a su alrededor: el Príncipe Carlos y William están molestos por cómo retratan a su familia, Harry tiene un acuerdo con Netflix para producir documentales, el gobierno británico ha solicitado incluir el rótulo «ficción» en la serie. Y es que la cuarta temporada es la mejor que nos presenta de The Crown, hasta los momentos.

Peter Morgan presentía que después de la tercera temporada, The Crown sería difícil de lidiar. Y no es para menos. Los hechos de la temporada que abacan los años 1979 a 1990, muestran dos figuras emblemáticas para la historia del Reino Unido: Margaret Thatcher, la primera y única Primer Ministro (conocida también como la Dama de Hierro por sus medidas económicas); y Diana de Gales, la ex-esposa de Charles a quien el pueblo británico la bautizó como La Princesa del Pueblo.

El deber sigue siendo el tema de la serie dado el rol de la monarca y el peso de La Corona como institución sobre la familia y el gobierno. Pero esta vez comulga con la responsabilidad, un subtema muy presente en toda la cuarta temporada. La responsabilidad está para encarar a cada personaje en sus decisiones y las consecuencias de sus acciones sobre otros.

La reina Elizabeth II tendrá que lidiar con la responsabilidad de su opinión sobre Thatcher ante la opinión pública, y quien servirá como chivo expiatorio es uno de sus trabajadores. También está el caso de Margaret Thatcher, a quien la responsabilidad de sus preferencias en el seno familiar y sus prejuicios, le pasará factura.

The Crown, imagen cortesía Netflix

Otros ejemplos son más palpables pues el plano romántico tiene mayor énfasis: Charles-Diana-Camila. Charles debe hacerse responsable de sus decisiones más allá de culpar a su familia y de asumir la postura de victima ante Diana; Camila se percata que será conocida por su reputación como la amante; Diana aprende a no ser ingenua y el daño de buscar la atención y el afecto más allá del ambiente familiar.

Otros subtemas tratados en la cuarta temporada son la soledad, la bulimia, la maternidad, la vejez, la familia, el amor, la juventud, los medios de comunicación, la fama, el poder, los celos, la envidia, el ego, la condescendencia, el terrorismo, la sensibilidad, la ayuda humanitaria y las apariencias.

La cuarta temporada de The Crown pondera más el drama familia que el histórico. Así, son solo mencionados los problemas de Gran Bretaña con el terrorismo de IRA, el Apartheid, la Guerra de las Marvinas y del Golfo, y los efectos de las medidas económicas sobre la población. Al contrario, se han omitido el intento de asesinato de Thatcher por parte de IRA, el intento de secuestro de la princesa Anne y las protestas durante esa década.

Lo particular de The Crown y que ha hecho que una nueva generación redescubriera la figura de Lady Di es, precisamente, el contexto histórico de su relación conflictiva con Charles. Las quejas de parte de la familia real por la crueldad o los diálogos cortantes (que forman parte de las licencias creativas del creador), esconden una negación a los hechos. La familia real no puede esconder lo que ha sucedido. Y Morgan no ha sido condescendiente con ningún bando.

The Crown, imagen cortesía Netflix

El espectador contempla la crueldad e inmadurez de Charles y, al mismo tiempo, su amor -o dependecia- por Camila, quien es una compañera más afin a su personalidad y edad. También el espectador tiene la ingenuidad, belleza y bondad de Lady Di y, por el otro, su lucha contra la bulimia, sus amantes y su agrado por la atención de la prensa. Los lados oscuros de ambos son, en efecto, su profunda humanidad cargada de sufrimientos. Es la paradoja que quiere dejarnos The Crown.

Morgan ha sido cuidadoso y respetuoso con Lady Di. La excelente dirección y fotografía colaboran con un manejo de símbolos y poesía, y sirven para indicar al espectador el torbellino emocional de su vida. De ahí las continuas composiciones de escaleras, espirales y espacios cerrados. También sobre Diana está el símbolo constante del flash sobre el rostro, en variados primeros planos, que preparan al espectador para la siguiente temporada frente a su trágico descenlace.

Así, la escena inicial del encuentro entre Diana y Charles, con la referencia de la caza (de la mitología de la diosa romana) hasta la escena final donde desciende Diana unas escaleras y sobre ella están los cuernos de los ciervos, es un paralelismo del trofeo que representa ella a la familia Windsor. Esto habla del tratamiento de un guion que busca ser arte para el espectador.

Valga la mención de la escena del príncipe Albert cuando discute sobre su cita con una actriz menor de edad, como un indicio y referencia ante su estrecha amistad con Jeffrey Epstein y el escándalo al que está involucrado. Aunque Morgan no tiene intenciones de continuar con la historia hasta la actualidad, este guiño es un recordatorio al espectador de cuánta asesoría está recibiendo para compaginar la ficción con la realidad.

The Crown, trailer de la cuarta temporada. Cortesía de Netflix

La dirección de arte, fotografía, soundtrack, dirección y actuaciones siguen siendo las fortalezas de una serie que ha mejorado su guion y atrae más espectadores. Quizás la única debilidad es la omisión a ciertos aspectos históricos a los que el espectador podría tener acceso. The Crown sigue siendo la mayor inversión de Netflix y la puerta a futuras premiaciones. Larga será la espera para la quinta temporada, que se estrenará a mediados del 2022.

Para conocer más la ficha técnica de The Crown, haz clic en IMDb.

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