Remakes: el caso de The lion king

The Lion King, imagen cortesía Walt Disney Studios

El anuncio del remake de The Lion King fue bastante osado de parte de Disney pues competía abiertamente con su referente de 1994, considerada la mejor película animada. Y dicha competencia suscitó en los espectadores no solo suspicacia sino nostalgia por revivir las escenas clave de la película que forman parte de la cultura pop actual. Después del estreno, los espectadores, críticos y hasta productores (excepto la propia Disney) han empleado mal los términos para calificar a la película y conviene (una vez más) repasarlos:

  • Remake: nueva versión o adaptación de una película. Puede ser exacta o contener algunos cambios, de acuerdo a la visión del director; siempre y cuando se mantenga la esencia de la película original. Se mira con recelo porque suele etiquetarse con falta de originalidad.
  • Live-action: película que utiliza personas y objetos reales para sustituir a los animados. Un ejemplo de ello es 101 dálmatians (1999), un live action de One hundred and one dalmatians (1961), película animada de Disney. En el live action no se incluye imágenes hechas por computadora porque su propósito es el realismo.
  • CGI: imágenes generadas por computadora, sin importar el software. Por tanto, a la película que contiene animación por computadora, se le denomina CGI.
  • Mixtos: se puede mezclar Live-action con CGI.

The Lion King

The Lion King, imagen cortesía Walt Disney Studios

Han dicho que The Lion King es un remake live-action pero lejos está de serlo. La película es animación por computadora (CGI) a través de un software fotorealista de Moving Picture Company. La semejanza con la realidad es tan grande que puede comprenderse el mal uso del término. Favreau ya había utilizado este software cuando dirigió The jungle book (2016), y su intención con The Lion King es sumergir al espectador en el hiperrealismo. De ahí que la fotografía sea la mayor fortaleza de la película.

En esta versión tenemos nuevas reinterpretaciones de las canciones y nuevos actores, exceptuando la voz de Mufasa en la que prevalece la del actor James Earl Jones. Exceptuando una que otra escena que fue modificada para mantener el realismo (como la del Cementerio de los elefantes y de las canciones I just can’t wait to be king, Be prepared y Can’t you feel the love tonight), The Lion King es una copia exacta plano por plano de la animación de 1994… y se convierte en la gran debilidad. El hiperrealismo y la fidelidad de los planos evocan a su referente y lamentablemente el espectador pasa los 118 minutos de la película comparando con el original. La energia, el humor y la emoción de la historia de 1994 fueron sacrificados por la mímesis de la realidad, la simetría y la ambición por llenar las salas de cine a costa de la nostalgia.

La versión de 1994 fue perseguida por la acusación de plagio del anime de 1960 Jungle Taitei y el mensaje subliminal de la palabra sex que se formaba en la escena de Simba cuando levanta polvo al recostarse. En el 2019, eliminado cualquier posibilidad de controversia sexual o política, Disney busca cautivar a una audiencia acostumbrada a otro tipo de animación. Quizás sea la maldición de los remakes, carecen de identidad y sorpresa creativa.

The lion king, trailer cortesía Walt Disney Studios

Para saber más sobre la ficha técnica, haz clic en IMDb.

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