Don’t F**k With Cats y el periodismo ciudadano

Don’t F**k with cats, imagen cortesía Netflix

Los gatos y las redes sociales siempre se han llevado bien. Es una relación simbiótica de afecto que ha crecido conforme han aumentado las plataformas. Si el espectador se deja llevar por el título Don’t F**k With Cats, puede pensar que es un programa de defensores de gatos en Facebook. Pero va más allá de esta idea: es un documental en formato miniserie de tres episodios clasificado como true crimes porque expone el caso del asesino Luka Magnotta.

Su gran fortaleza es el punto de vista. En vez de ser un documental de retrato, esto es, el perfil del asesino, se enfoca en el testimonio de dos internautas de Facebook que le siguieron el rastro entre 2010 y 2012, a partir del escándalo causado por unos videos del asesinato de unos gatos.

El espectador verá en Don’t F**k With Cats los hechos de modo cronológico acompañado de entrevistas a Deanna Thompson y John Green (dos internautas), los investigadores de Montreal/Paris/Berlín, periodistas de Toronto y Londres, y la madre de Magnotta. A la vez se presentan imágenes de los lugares de los hechos y los materiales extraídos de Internet.

Los videos violentos de Magnotta no se transmite por completo en el documental pero sí se explica por medio de los entrevistados. Y quizás este es el mayor horror al privar al espectador de las imágenes, porque las imágenes adormecen y promueven cierta indiferencia a los ojos. Las palabras no tienen ese efecto, al contrario, cobran una fuerza semejante a la realidad y de ahí el impacto de la descripción sobre el espectador.

Don’t F**k with cats, imagen cortesía Netflix

Los subtemas de Don’t F**k With Cats son la obsesión, la vanidad, el narcisismo, el culto al ego, el cine, la justicia e injusticia, la violencia hacia los animales (cuatro gatos y un cachorro) y al ser humano. También se presentan otros que son opuestos y se contraponen contínuamente como fuerzas que luchan durante el documental: el menosprecio de la autoridad a las denuncias de los cibernautas versus la vigilancia de estos (como un augurio del periodismo ciudadano que se vive en pleno 2020), el ciberacoso versus la vigilancia, la fama a costa de videos polémicos versus el consumismo por las redes sociales.

Todos estos subtemas incluyen el tema de Don’t F**k With Cats: Internet. Este no solo engloba lo banal y superficial de las redes sociales o lo útil para videoconferencias o plataformas streaming; por detrás existe el lado oscuro, desde pornografía hasta tráfico y violencia. Enaltece el talento y también es la ventana de promoción de lo retorcido de la mente humana.

Un video publicado en Facebook por una cuenta títere (sin mayor información) de un asesinato de unos gatos, despierta la cólera de muchos seguidores de Facebook, quienes crean un grupo para dar con el responsable. El hecho comunitario, la precisión y la indagación (se afincan a los hechos y datos que puedan comprobar) así como un seguimiento y análisis de los materiales encontrados, llevaron a Deanna Thompson y John Green a seguir el rastro de Magnotta por dos años.

Del otro lado estaba Magnotta que se infiltraba en sus grupos, creaba cuentas títere para publicar sus videos; se autopromocionaba como actor, lanzaba rumores para atraer la atención, construía cuentas falsas de fanáticos y fue la carnada para capturar a su víctima. Internet era un modo de proyección de sí mismo.

En esos años, las autoridades no se tomaron en serio el tipo de videos sobre maltratos de animales así como las denuncias de los usuarios. Tuvieron que pasar muchos casos similares al de Magnotta para no subestimar el alcance y los efectos de Internet (y eso incluyó un reglamento más estricto de parte de las redes sociales).

Magnotta se veía a sí mismo como el gran protagonista de una película. El horror del espectador con el tercer episodio es semejante al de Thompson y Green cuando descubrieron que Magnotta recreaba Basic Instinct. Como Narciso, se miraba a sí mismo a través de Internet. No le importaba que lo atraparan porque él era el centro de todo. Internet solo ayudó a promocionarlo. Y a eso llama la conclusión del documental, a ser responsable con el contenido que se produce y (en especial) se consume.

Trailer de Don’t F**k With Cats. Video cortesía de Netflix.

Don’t F**k With Cats requirió tiempo para recabar los datos, permisos, entrevistas y organizar el material. Sin abandonar el thriller y el misterio propio del subgénero que trata, busca que el espectador reflexione. Además, el documental enaltece a los ciudadanos que, con su investigaciones, fueron artífices de la caída de Magnotta. Es un reflejo del ejercicio del periodismo ciudadano de esta década.

Para conocer más sobre la ficha técnica de Don’t F**k With Cats, haz clic en y IMDb.

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