El admirable segundo ciclo de Dark

Dark, imagen cortesía Netflix

La han bautizado como la “Stranger things alemana” pero lejos está Stranger things de llegarle a los pies a la mejor serie que tiene Netflix, hasta hoy. Dark no es una serie fácil de ver. Es compleja e interesante. Sus referentes van desde Gabriel García Márquez (con Cien años de soledad) pasando por Stephen King, Twin Peaks, Nietzche (Así habló Zaratrusta) e  incluso  mitológicas  con  el  hijo  de  Ariadna  o teorías científicas como el puente de Einstein-Rosen.

Para comprender el tema de la serie se debe primero revisar la narrativa. El misterio de la desaparición de Mikkel (primera temporada), es la acción que inicia y conecta cada acontecimiento en el pequeño pueblo ficticio alemán (Widen). La ausencia de Mikkel, la corrupción en la planta nuclear, el sucidio de Michael van sacando a la luz los secretos de cada ciudadano. A través de los ojos de Jonas, el espectador descubre una máquina del tiempo, una puerta dentro de una cueva y desechos radioactivos que permiten saltar en el tiempo y retroceder 33 años al pasado. En la primera temporada estuvimos en 2020 (el presente), 1987 y 1954 de manera simultánea. En la segunda temporada, los saltos en el tiempo se complican al ampliar al futuro en el 2053, además del presente (2020) y el pasado: 1987, 1954 y 1921. El futuro apocalíptico con la partícula de Dios en la planta nuclear es el detonante para conocer la secta por detrás de la puerta en la cueva, la creadora de la máquina del tiempo (Claudia Tiedemann, la directora de la planta nuclear en 1987) y la capacidad no solo de saltar en el tiempo sino a otros universos con la llegada de una segunda Martha.

Dark, imagen cortesía Netflix

Gracias al viaje de Jonas, vemos que existe un determinismo en los eventos: que los habitantes están condenados a repetir una y otra vez las mismas acciones al igual que los viajeros. Todos están atrapados en un bucle temporal. Adán, el fundador de la secta Sic mundus creatus est, es el primer Jonas que viajó al pasado. El plan de Adán es romper con el tiempo, que para él es el verdadero dios del mundo. Por ende, hay dos bandos: el de Adán y el de Claudia (quien quiere impedirlo). Sin embargo, ningún bando se presenta como bueno o malo, lo que implica que el espectador estará cuestionando su moralidad.

El juego de la narrativa con los saltos del tiempo y parentescos entre todos los habitantes de Widen, son recursos para contar el tema de la serie: la culpa. La vida de estos personajes son solo una fachada para presentar cómo el pueblo alemán se siente responsable por los eventos históricos ocurridos en el pasado. El juego de Adán es, en el fondo, la ilusión alemana por borrar la verguenza y la culpa. El trasfondo psicológico es el verdadero motivo de los creadores para expiar la culpa, por lo que convierte a Dark en la mejor serie. La música y la atmósfera recreada con la fotografía, apoyan un guion minuciosamente escrito en alemán.

Se espera con impaciencia la tercera y última temporada de una serie que nos está enseñando no solo a entretenernos con las nuevas plataformas streaming, sino a pensar y descubrir nuevas maneras de presentar una historia.

Trailer de Dark, video cortesía del canal de Netflix

Para conocer la ficha técnica, haz clic en IMDb.

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