La caída de las expectativas de Big Little Lies

  • Miniserie de HBO, creada por David E. Kelley.
  • Continúa la historia de la primera temporada, basada en la novela del mismo nombre de Liane Mortiany.
  • La primera temporada fue dirigida por Jean-Marc Vallée, y la segunda por Andrea Arnold.
Big Little Lies, imagen cortesía HBO

Big Little Lies (2017-2019) será conocida por su ascenso y caída, una metáfora de lo que fue su primera y segunda temporada. ¿Qué falló? Indiewire subraya que fue la polémica suscitada entre David E. Kelley/Jean-Marc Vallée y Andrea Arnold. Variety indica que fue el guion. Pero hay un tercer ingrediente: la ambición.

Indiewire ha sacado a la luz uno de los monstruos escondidos en el mundo del espectáculo. Lo que percibe el espectador desde el inicio de la segunda temporada (la falta de ritmo de la historia, escenas y diálogos cortados, la ausencia de una coherente banda sonora, personajes sin motivación ni rumbo, descuidos en la edición) son síntomas de ese monstruo que refleja la falta de integración en el grupo de trabajo, más que todo, de las cabezas de la serie: los ejecutivos de HBO, Kelley, Vallée y Arnold.

La intención de Kelley fue tener de vuelta a Vallée como director pero estaba comprometido con Sharp Objects, así que HBO buscó a la directora Andrea Arnold. Con previa aprobación de Vallé (ya que ella tiene un lenguaje visual similar a este), HBO la contrata. Si se contrata a otro director, se da por sentado que incorpora su visión de la historia. Muestra de ello son las películas de Marvel, con directores diferentes. Según Indiewire, HBO le otorgó libertad creativa a Arnold. Sin embargo, luego de las grabaciones y el envio del primer episodio editado, Kelley entregó el control creativo a Vallé para que la segunda temporada fuese igual (en términos visuales) que la primera. Este pidió todo el material a Arnold, lo editó y citó a los actores para unas grabaciones extra. El producto final fue el que vimos en estas 7 semanas. Arnold no sabía de la reedición de su proyecto hasta la emisión de la serie. HBO ha salido al paso de este artículo al declarar que en el mundo de la televisión es usual tener una revisión y reedición del material, pues se quiere compaginar los estilos de las temporadas. El comunicado añade que Arnold estaba al tanto y que ella conserva los créditos como directora. Es cierta la búsqueda de una consistencia pero esto se hace previo acuerdo, antes de firmar el contrato y no en una sala de edición. El mundo del cine está lleno de historias similares (Casablanca, por ejemplo), pero en pleno siglo XXI se asume que ciertas prácticas han sido suprimidas en pro de la ética y el respeto al trabajo del otro.

Big Little Lies, imagen cortesía HBO

Variety, por su parte, achaca la responsabilidad no a la diatriba entre Kelley/Vallé-Arnold sino al guion. El nombre de la serie ya apunta al tema de la historia: la mentira. En la primera temporada vimos que cada mujer guardaba un secreto, aparentaba ante el mundo y ante la sociedad (la escuela) que sus vidas eran perfectas cuando en sus hogares vivían otra realidad. La mentira para encubrir la imperfección culmina en el último episodio cuando las cinco se ven forzadas a defender a una de ellas de la mentira que quería ocultar: la violencia doméstica. Y entre ellas surge una nueva mentira, un pacto, para protegerse mutuamente.

En la segunda temporada sigue presente la mentira como tema pero la acción se centra en la custodia de los hijos, en las historias personales de cada una y el encubrimiento. Llevar tres acciones a la vez desemboca en no profundizar ninguna y el espectador se siente confundido en todos los episodios. Kelley no supo qué hacer con la trama que había adaptado porque no comprende la vida de estas mujeres. La compaginación de la maternidad y la vida profesional queda a un lado para explotar la frustración y la ira ante cualquier cosa. Celeste y Bonnie son los personajes mejor tratados porque a ambas las une el acontecimiento de la primera temporada. La historia de Madeleine se pierde en el segundo episodio. Renata apenas se retoma con pinceladas en el quinto, sexto y séptimo. Jane tiene relevancia en el tercer y cuarto episodio, por momentos. Solo al final y a través de un plano se muestra qué ocurre con el encubrimiento, pero el creador deja al espectador la tarea de completar lo que ocurrirá. No es un final abierto sino pereza por cerrar una historia que no se tiene una idea clara sobre qué contar. Por más actrices relevantes que cuente Big Little Lies como Kidman, Witherspoon, Woodley, Kravitz, Dern y Streep, ellas no ocultan las debilidades de un guion que salió a flote con los problemas entre Kelley/Vallée-Arnold.

Big Little Lies, imagen cortesía HBO

Sin embargo, el verdadero problema es la ambición. Big Little Lies fue todo un éxito en el 2017. Su elenco estaba compuesto por actrices consagradas en la industria de Hollywood que se prestaron para encarnar la historia de cinco mujeres de Monterey, California. La que destacó fue Nicole Kidman, pues su personaje enfrentaba la violencia doméstica. La adaptación de la novela fue apoyado por un buen manejo del lenguaje cinematográfico. Vallée se valió de varios recursos expresivos como la fotografía y el montaje, para transmitir la violencia interna y externa de las mujeres. Las premiaciones de los Emmys, Golden Globe y Critic Choise más los comentarios del público por las redes sociales, fueron las muestras del nivel de aceptación y popularidad de la serie. Esto llevó a la euforia de las actrices, que en las premiaciones no se cansaban de expresar su intención de volver al set de Big Little Lies para una segunda temporada. Las actrices no ejercieron presión sobre HBO. La historia fue concebida como una miniserie de siete episodios, y como tal, tuvo un buen cierre. Pero aquí entra la ambición. Kelley vio una oportunidad de seguir lucrándose, no solo en dinero sino en fama. Contaba con el aval del público y de las actrices, solo debía presentar la idea a HBO. Y el canal, que no es tonto para apostar por lo que le favorece más, acepta. La ambición del creador, del canal, de las actrices y (quizás, de manera muy ingenua) de los espectadores, llevó la serie a su destrucción. La ambición pasó factura a una serie que jamás mereció ni necesitó una segunda temporada.

Para conocer la ficha técnica, haz clic en IMDb.

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